martes, 2 de abril de 2013

CÓMO BOICOTEAR A NUESTROS HIJOS EN SU APRENDIZAJE DEL LENGUAJE

Ayer escuché la siguiente “conversación” entre una madre y su hija (transcribo literalmente):

- Cariño, dale el tete al hermano para que lo guarde en la bolsa,  que la nena se va a    tomar las papas. 
¡Mmmm, qué meno! ¿Gusta a la nena?
Pero … no te quites el pape. Mira, se ha caído.
Dale las gracias a este nene, que nos ha dado el pape.
Venga, la última cucharadita y ya puedes jugar con la queca.

                              

Traduzco:
- Cariño dale el chupete al hermano para que lo guarde en la bolsa, que te vas a tomar el yogur.
¡Mmmm, qué bueno! ¿Te gusta?
Pero … no te quites el zapato. Mira, se ha caído.
Dale las gracias a este señor, que nos ha dado el zapato.
Venga, la última cucharadita y ya puedes jugar con la muñeca.

La niña (que debía tener cerca de los dos años) tan sólo intervino en la conversación con balbuceos, sonidos ininteligibles y gestos, como era de esperar.

La madre, en tan sólo cinco frases, cometió los siguientes errores:
-         5 palabras incorrectas: tete, papas, meno, pape, queca.
-         1 error de concepto: llamó “nene” a un señor que debía tener más de 50 años.
-         1 error gramatical: se dirigió a su hija en tercera persona.

Me pregunto qué es lo que lleva a esta madre a boicotear intencionadamente el aprendizaje de su hija, por qué cree que no llamando a las cosas por su nombre su hija va a entenderla mejor y cómo espera que esta aprenda a hablar correctamente si tenemos en cuenta que la imitación es uno de los principales elementos que utilizan los niños en sus aprendizajes.

Invito a esta madre, y a todos esos padres y madres que con vuestra “cariñosa” manera de dirigiros a vuestros hijos, dificultáis su comprensión del lenguaje y contribuís a que se retrase su correcta adquisición del habla a que leáis de nuevo los dos textos, el literal y el traducido, y reflexionéis sobre cual os resulta más fácil de entender, cual es más rico en vocabulario y cual es más correcto gramaticalmente y que os preguntéis, a continuación, cual estimulará el aprendizaje del lenguaje en vuestros hijos y cuál conseguirá exactamente lo contrario.

¡Eduquémoslos!

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